viernes, 18 de julio de 2008

El destino de la espontaneidad revolucionaria (D. Guérin)

Extracto de Rosa Luxemburg et la spontanéité révolutionnaire [Rosa Luxemburgo y la espontaneidad revolucionaria](Daniel Guérin, 1971):

Las ideas de Rosa Luxemburg acerca de las funciones de la espontaneidad y el partido revolucionario dieron lugar, después de su muerte, a un debate ininterrumpido y que no parece cercano a su fin.
J. P. Nettl presenta en su biografía de Rosa un sabroso resumen de las sucesivas y contradictorias “vueltas” respecto del tema por parte del comunismo internacional y, sobre todo, el partido comunista alemán. La herencia de la teórica siguió la suerte de las numerosas sinuosidades de la “línea” establecida en Moscú, con sus repercusiones en Berlín.
Dieciocho meses después de su trágica muerte, Rosa era todavía reverenciada como inspiradora y teórica del comunismo europeo, y August Thalheimer rendía un vibrante homenaje al conjunto de su obra. Sus críticos eran tratados de “fariseos marxistas”[1]. Lenin escribía en octubre de 1920 acerca de la revolución de 1905: “Los representantes del proletariado revolucionario y del marxismo no falsificado, tan notables como Rosa Luxemburg, comprendieron inmediatamente la importancia de esta experiencia práctica”, mientras que los socialdemócratas “se mostraron completamente incapaces de comprender esta experiencia”[2].
Todavía en 1922, Lenin, al enumerar los errores cometidos por Rosa Luxemburg, no mencionaba ni explícita ni implícitamente sus ideas sobre la espontaneidad. Concluía que: “a pesar de sus errores había sido y seguía siendo un águila”. Reprendía a los comunistas alemanes por el “increíble retardo” en la publicación de sus obras completas, indispensables, estimaba, “para la educación de numerosas generaciones de comunistas”[3].
Pero las críticas se hicieron más ásperas cuando, en 1922, Paul Levi se decidió a publicar un texto inédito explosivo, La revolución rusa, cuyo manuscrito había reservado demasiado prudentemente desde setiembre de 1918. Clara Zetkin y Adolf Warski escribieron sendos folletos en los cuales las opiniones de Rosa sobre la revolución rusa eran seriamente refutadas [4].
El filósofo Georg Lukacs había publicado en enero de 1921 un ensayo donde hacía el elogio de la concepción luxemburguiana de la espontaneidad de las masas. Pero en enero de 1922 y, sobre todo, en setiembre de 1922, publicaba otros dos ensayos, más agridulces, en los que reprochaba a Rosa el haber subestimado el papel del partido revolucionario. El escándalo de la publicación del molesto inédito de 1918, sin duda, había modificado su juicio [5].
Sin embargo, antes de 1924, el Partido Comunista alemán tenía una dirección más o menos luxemburguista, cuyos voceros eran August Thalheimer y Jakob Walche, antiguos espartaquistas, Heinrich Brandler y Ludwig. Serían expulsados en 1927 y formarían el “K.P.O.” (partido comunista de oposición) Fue a comienzos de 1924, después del fracaso de la revolución alemana del verano de 1923 y, por vía de consecuencia, de la caída de la dirección Brandler-Thalheimer de la dirección del P.C. alemán, acontecimiento seguido de cerca por la muerte de Lenin, cuando las ideas de Rosa se convirtieron en heréticas.
Zinoviev dominaba entonces en la internacional comunista, y una dirección de ultraizquierda, con Ruth Fischer y Arkadi Maslov a la cabeza, se había apoderado del P.C. alemán. La terrible Ruth no dudó en acusar a Espartaco de no haber roto claramente en ningún momento con la segunda internacional, y diagnosticó en la influencia de Rosa nada menos que “un bacilo de sífilis”. En 1925 fue más lejos, y las ideas de Rosa Luxemburg se convirtieron en un cuerpo de doctrina reprobado: el luxemburguismo. Ruth Fischer atacó violentamente la actitud de Rosa respecto del problema de la organización. Le atribuía una caricaturesca teoría de la espontaneidad, en la cual la espontaneidad o la autoactividad de las masas lo era todo, mientras el partido quedaba reducido a una simple abstracción [6].
Paul Frölich, biógrafo y compañero de armas de Rosa, se alzó contra esa falsificación: “El sediciente mito de la espontaneidad en Rosa Luxemburg no se mantiene en pie [...]. No fue Lenin, sino, después de su muerte, Zinoviev, quien lanzó esta mentirosa acusación, con el fin de consolidar la autoridad absoluta del partido bolchevique sobre la internacional comunista.
El antiluxemburguismo fue un artículo de fe para la escolástica stalinista. Se convirtió en la adecuada expresión de una mentalidad de burócratas de Estado y partido, que no conducían a las masas en lucha, sino que subyugaban a las masas desarmadas y cautivas”[7].
Mientras, en noviembre de 1925, en ocasión del 14 congreso del P.C. ruso, Zinoviev era desplazado por Stalin y poco después Ruth Fischer era cubierta de lodo y excluida luego del P.C. alemán. Por un tiempo Rosa Luxemburg quedó rehabilitada.
Había sido la víctima de la amazona ultraizquierdista. Pero esta amnistía no duró mucho. El ala derecha del P.C. ruso había triunfado en Moscú, siendo Bukharin su adalid, quien se aplicó a demoler La acumulación del capital. El más importante elemento de error en esta obra de Rosa sobre economía era su teoría de la espontaneidad [8].
Sin embargo, la persona de Rosa quedaba rehabilitada y cuidadosamente diferenciada de lo que seguía siendo herejía: “el luxemburguismo”.
Las cosas se arruinaron una vez más cuando en 1931 José Stalin en persona y Lazar Kaganovich, a su turno, atacaron públicamente a Rosa. El déspota fabricó una amalgama entre Trotsky, Rosa Luxemburg y Parvus, acusados los tres del pecado de “revolución permanente”, mientras Kaganovich ponía fin a la culpable indulgencia de separar a Rosa del “luxemburguismo” [9].
Trotsky, en el exilio, criticó agriamente el artículo de Stalin, “calumnia afrentosa e infame contra Rosa Luxemburg”, “dosis masivas de grosería y deslealtad”, para concluir: “Tanto mayor es nuestro deber de transmitir en todo su esplendor y su alto poder educativo esta figura verdaderamente maravillosa, heroica y trágica, a las jóvenes generaciones del proletariado”[10].
En un artículo posterior, Trotsky, atacaría más bien a los luxemburguistas y no a Rosa [11].
Actualmente, en Alemania del Este, se ha desistido de encerrar a Rosa en un “espontaneísmo” excluyente, prefabricado, y se ha iniciado una edición de sus Obras completas, sin suprimir ninguno de sus escritos, ni aquel en contra de Lenin de 1904.
El anterior repaso histórico ayuda a comprender las controversias en torno de las ideas de Rosa sobre la espontaneidad, que se han multiplicado en la medida que se agranda el prestigio de su autora y sus obras adquieren mayor difusión.
El “luxemburguismo” ha conocido varios renacimientos fuera del movimiento comunista ortodoxo. El primer luxemburguista de lengua francesa fue Lucien Laurat. Fue uno de los fundado res del P.C. austríaco, luego miembro del P.C. ruso, seguidamente miembro del P.C. belga. Ya era un luxemburguista clandestino antes de romper con el P.C. belga en 1928 y de radicarse en Francia. Había publicado dos artículos, bajo el seudónimo de Primus, en el Boletín comunista de Boris Souvarine a partir de 1925. Después de su expulsión del partido, publicó artículos luxemburguistas en las revistas Clarté, después Lutte de Classes. En 1930 publicó un Resumen de La acumulación del capital.
La soledad de Laurat terminaría a partir de 1933. En efecto, la llegada de Hitler al poder, la derrota del proletariado del otro lado del Rhin y la bancarrota del Partido Comunista alemán favorecieron una reactualización del luxemburguismo. Sus voceros de lengua alemana fueron principalmente exiliados: Miles (seudónimo de Karl Frank), que publicó un folleto distribuido clandestinamente en el Tercer Reich: Neu Beginen (“Nuevo comienzo”), y los líderes del pequeño partido obrero socialista (disidente) de Sajonia, Sozialistisehe Arbeitpartei (SAP), Oskar Wassermann, Jakob Walcher, Boris Goldenberg.
En Francia, la compañera de Laurat, Marcelle Pommera, fundó en octubre de 1933 la revista luxemburguista Le Combat Marxiste; por su parte René Lefeuvre creaba las revistas luxemburguistas Masses, seguidamente Spartacus, luego los Cahiers Spartacus. Para esta última publicación Lucien Laurat escribió el prefacio de una compilación de textos de Rosa, Marxisme contre dictature (1934), mientras André Prudhommeaux recogía los elementos del folleto Spartacus 1918-1919 (Masses Nº 15, 1934). En 1937, Michel Colinet prologaba una reedición para los Cahiers Spartacus, de La revolución rusa. Marceau Pivert prologaba ese mismo año un pequeño inédito de Rosa: L’Église et le socialisme. El movimiento político animado por Marceau Pivert, en un principio izquierda revolucionaria del partido socialista, después partido socialista obrero y campesino, estaba fuertemente impregnado de las ideas luxemburguistas.
El segundo renacimiento del luxemburguismo data de mayo de 1968, que en los hechos marcó la inesperada reaparición de la espontaneidad revolucionaria. (...)

Notas
[1] August Thalheimer, Las obras teóricas de Rosa Luxemburg, Die Internationale, 1920, 11, Nos. 19 y 20, pp. 19-20.
[2] Lenin, Contribución a la cuestión de la dictadura, en Oeuvres, ed. 1935, XXV, p. 511.
[3] Lenin, escrito póstumo en Pravda del 16-4-24, Sochineniya, XXXIII, p. 184.
[4] Clara Zetkin, Um Rosa Luxemburgs Stellung zur russischen Revolution; Adolf Warski, Rosa Luxemburge Stellung zu den taktischen Problemen der Revolution, ambos en Hamburgo, 1922.
[5] Georg Lukacs, Rosa Luxemburg marxista, enero de 1921; Observaciones críticas sobre la crítica de la revolución rusa de Rosa Luxemburg, enero de 1922; Observaciones metodológicas sobre la cuestión de la organización, setiembre de 1922, en Historia y conciencia de clase.
[6] Ruth Fischer, Die Internationale, 1925, VIII, Nº 3, p. 107.
[7] Paul Frölich, Zum Streit über die Spontaneität, Aufklarung, 1953.
[8] N. Bukharin, El imperialismo y la acumulación del capital, 1925.
[9] Stalin, Sobre ciertos problemas de la historia del bolchevismo, 1931, Sochineniya, XIII, pp. 84-102. L. Kaganovich, Correspondance Internationale, 15-12-31.
[10] Trotsky, Bas les pattes devant Rosa Luxemburg!, 28-6-32, Ecrits, I, 1955, pp. 321-331. (Véase Documento Nº 10.)
[11] El mismo, Rosa Luxemburg et la IV° Internationale, 1935. (Véase texto VII.)
[12] Hartmut Mehringer y Gottfried Merger, La gauche nouvelle allemande et Rosa Luxemburg, Partisans (Rosa Luxemburg vivante), Nº 45, 1969. Es de notar la publicación en 1970 en la colección de bolsillo Rowohlt de los Escritos sobre la teoría de la espontaneidad de Rosa Luxemburg.

Ver también:
  • Texto en francés aquí
  • Libro (en castellano) al formato pdf aquí